HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Con Yoseba descubrí que mi noción del amor, mi forma de ir al amor, era la de los monos. Descubrí que aquellos ardides románticos y de serpiente que había sentido tan ardientemente en mi pasado, sólo eran literatura, sólo eran la enfermedad de los libros que había amado, de las canciones que había bebido mi corazón de mezcal y las fantasías de Alicia y de mis poemas. Con él descubrí que mi masculinidad y mi feminidad, estaban en un canuto que se fumaba un cuervo y un venado. En paz de hermanos lobos, de hermano río, de hermano saltamontes. 

Él fue como mi primer amigo perro y águila, roca y barro, olvido y fuego.

Por eso Yoseba y yo, no estamos definidos en nociones de amantes. Somos si acaso, amantes perro, amantes zorro sin manada. Somos amigos animales. Somos dos bichos raros jugando a los juncos y a la soledad. Somos clandestinos. 

Creo que algún cadáver de los sueños de Alicia, se puso triste, en el recuerdo de sus poemas. Cuando él, no me besa como a una mujer, cuando él no me agarra a su lado, como la mandrágora, cuando él no me ama como se aman los cuentos del amor. Cuando él me hace sentir otra vez el bicho raro y sin manada, que en realidad soy y seré por los siglos de los siglos.

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