HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cuando estuve en el monte, estuve viajando por un lugar intermedio entre los dos mundos. Estuve subida a un árbol y sentí algo que tenía que ver con el conocimiento inefable a través del juego de ciertas metáforas. También llegué a un lugar relacionado con el hambre y con esperar. Y en un momento, empezó a soplar un viento muy fuerte que sonó como un mar entre los chopos y sentí algo muy especial y vinculante con el sitio donde camino. 

Luego después de comer me puse algo sombría. Y me quedé quieta. Y tuve regresiones a un lugar muy doloroso de mi vida. A un lugar donde mi psique estaba enferma. Traté de mirar de frente a aquella que entonces fui y ocurrió un trance extraño, donde yo vi un segundo mi rostro lleno de carne muerta y al respirar salió esa muerte por mi boca y eso fue como una regeneración y milagro. Comprendí durante ese trance, que algo había quedado herido porque nunca hubo un reconocimiento, nunca miré de frente a aquella época. Mi íntimo odio surgió de allí. Yo había perdido todo en aquella época y durante algunos meses me anestesié con mugre y cadáveres. Ese tipo de fracasos y de heridas, dejan una memoria también celular. Y la regresión que hoy viví fue terapéutica aunque dolorosa. Ese tipo de sentir hacía como diez años que no lo recordaba, pero fui consciente que en las capas más subconscientes que rozan con la oscuridad del bosque, aquello seguía vivo. Y que algunas zonas de la náusea de monstruo bebían de allí la calavera.

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