HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Debo aprender a vivir el bosque, manteniendo en mí una exteriorización que alimente mi paso por el bosque, que nutra la llamada del bosque, que me haga avanzar en el bosque. 
Otras veces en mi pasado para mí esto era una empresa imposible. Por eso yo elegía el aislamiento y el disfraz del perro. Todo milonga. Dualidad de Alicia. Una epístola quemada en mi manga. Una botella de ginebra medio suicida. La náusea de Monstruo. 
Yo tomé algo del esquizo-mago. Mis caminos del pasado, hicieron incursiones radicales, violentas, enyerbadas. Eso dejó que mi puzzle obligatoriamiente tuviera que volver a cabalgar en los cuatro jinetes del apocalipsis. La locura de algún modo fue mi espada y mi promesa. Yo la elegí alguna vez. Yo viajé hacia la grieta de los mundos, sacrificando con radicalidad mi vida terrestre y cívica. Apuñalando a mi tonal. Mi mariposa entró por ese camino. Y hay que respetar los cuerpos que el insecto abandonó para mutar. Hay que vivir en armonía con los besos que nos dieron las muertes, lo que transformaron, lo que se quedaron, lo que ofrecieron. Es parte de mi camino. La locura alguna vez fue mi vehículo. Y yo aunque no lo quiera, de vez en cuando tendré que volver  a subirme en él, para reunir los huesos para la huesera. 
Lo que tengo que aprender es a vivir en armonía con el bosque, para que mi locura no sea un atropello y un arder de Troya. Para que yo no me vaya volando por los aires en el embrujo del Fauno. Para esto, tengo que cerrar mis heridas. No querer avanzar en el bosque con el corro de la sombra de la bruja. Y alimentar mi vida humana. Respetar y cuidar a mi tonal entre el beso del bosque. Respetar su memoria, sus pasiones, sus infras y sus orillas.  Para esto tengo obligatoriamente que ser en mi yo social, el respeto de mi yo en el bosque.
En realidad por culpa de esa brecha vino la Polilla Negra. Vino a advertirme que estaba perdiendo el bosque. Y mi psique saltó hacia el bosque. Y se puso al ataque-defensa. Yoseba se volvió el chivo expiatorio de mi Fauno. Era la amenaza. Era mi herida. Era con él, con el que yo me alejaba del bosque. Yo resolví expulsarlo y morirlo de mi corazón. Y entregar mi pena y a él junto a mi corazón, a la huesera. Y eso es lo que he hecho en mi pasado miles de veces llevándome la rechingada del delirio del bosque. Ahora no debo volver a caer en la tentación de mis lobos y esas depredaciones del laberinto del Fauno. Porque sé que el camino es armonizar mi tonal con el bosque. Y éste juego que se abre, es el Acto, la Vida, donde hacerlo con lucidez sin que me enyerbe otra vez por el pájaro de la muerte.

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