HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un rato empezará a llover. Hay un silencio de ramas. Hay un ruido de ramas. Un fuego enciende los labios del agua que al otro lado de la calle, son el útero de ceniza del espíritu de un coyote. Las metáforas no son medulares. Son metamorfas. Están también sobre la bruma. No provocan el mito. No dan templo. Son aliadas temporales. Latidos del cuerpo del ensueño. Latidos que se usan como instrumento para estar cerca del bosque, para escuchar su poderosa presencia, desde el Infra al puente entre los dos mundos que nace y siempre ha nacido del sueño del Fauno. Tenemos un cuerpo que está en su territorio. La poesía es el acceso. 
Yo uso las metáforas para relacionarme con mi yo más inefable, el que está con Fauno. Fauno es una metáfora. Pero ellas mutan. Hay algunas que utilizo como árboles. Al usarlas de éste modo, mi Infra puede meterse más dentro y la psique se desarrolla más hacia el bosque. El anclaje de ciertas metáforas hace que se produzca una especie de magia. Pero su anclaje también es una metáfora. 

El pensamiento ordinario, la escritura metafísica, acaba llegando al agujero de gusano de una metáfora. Una vez llegados a su finiquito y final, siempre fracaso....., es sólo la metáfora la que pervive y nutre y ella siempre cambia . Yo uso éste método para cruzar hacia el bosque y para volver. La metáfora se vuelve mi vehículo y mi pellejo. La esencia del universo en un rizoma de miles de metáforas.

Todos los seres humanos viven en cuento de metáforas.
Los cuentos son siempre cuentos.
Y que yo sepa nadie ha salido jamás del cuento.

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