HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un rato iré al monte. El monte me vincula con lo secreto. La naturaleza me hace mirar de frente a la muerte, al nido de mi espanto y abre el rizoma. La naturaleza me enseña mis ojos ciegos. Mis heridas y fastasmas. Mis errores. Mis secretos mezquinos. Me avisa cuando estoy a punto de hundirme en el fango y me dice porqué aunque yo a veces no la entienda. Me empuja al fango cuando estoy haciendo trampas con los frutos. Me muestra lo extraordinario y milagroso de la vida y de la muerte. Y también me hace sentir mucho miedo a encontrarme conmigo y con la verdad y con Ella. Echa monstruos sobre mí cuando voy con el ego. Y me besa el agua, cuando beso el agua. A veces me empuja como trampolines de ayahuaska al beso de los duendes, al perdón de las palabras, a la comprensión silenciosa. Y a veces se calla y se aparta. Se vuelve el anti-dios. Y me deja entonces vagar mi desierto y mi agujero. Me deja sola para que yo recuerde, para que yo camine, para que yo vuelva luego a ella. A veces me acerca el canto de las águilas, a veces cruje cierta rama, o echa a soplar cierto viento, o me deja ver a un venado, a una serpiente, a un zorro. A veces me provoca el espanto con cierto insecto. O los ladridos de los perros traen a la Dama Blanca y el soplido de la muerte me retuerce la nostalgia de los pinos en mi carne podrida y en mi llanto. A veces me tosta la luz del Fauno con un Sol que me abraza y que me susurra que yo también soy su hija. A veces me arrincona donde yo arrincono a mis animales. A veces me clava una zarzamora en mi piel cuando estoy yendo sin prestar atención. A veces me trae el picotazo de los cuervos cuando quiero saber demasiado pero tengo un cabo suelto atado en la entraña. A veces me enseña a guardar silencio cuando mi mente enferma de su incapacidad se embrolla en sí misma y deja de ver el Bosque. A veces me arrodilla ante la tierra y la lombriz. A veces me permite todos los caprichos y libertades y corro como loba liberada y sé que su casa es mi casa. A veces me sabe la intrusa y se defiende con la Polilla Negra. A veces me hace llorar de alegría. A veces me estremece el beso del Fauno.

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