HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Dentro de un rato iré al monte. Allí me muevo mejor. Allí algo se despega del torniquete de mi pata de madera y toca el agua. Últimamente todo me parece una ilusión y lo que yo me tomó a pecho es lo que más la provoca y la esparce entre los pájaros. Pero también me duele. Y lo que más me duele, lo que la hace carne, lo que la hace tragedia y guerra, ansia, es lo que cuenta al otro lado un cuento de duendes y árboles que caminan y montañas que bailan. La contradicción es algo que vino a hierro fundido, para vivir las dos naturalezas, la del lobo y la del humano. La contradicción la trajo el interior de una Polilla. Su amenaza, es la risa del 3. Su dolor es la aventura para cruzar el bosque. 
Yo me tomo muy a pecho mi cuento personal. Y sé que no debería hacerlo, pero lo haré mil veces más, porque soy un animal, porque mi cuento, que es mi vida, es lo único que de momento conozco para ir al bosque. Si yo pudiera convertirme en viento y dejar fuera mi cuento lo haría. Pero no sé hacerlo. Así que llevo mi cuento a todos los sitios. Mi cuento a veces es una comedia, a veces es una tragedia. A veces ha sido LSD y cuento de duendes, a veces ha sido la pesadilla de una rata con cuernos de rinoceronte. Yo he ido con mi cuento a las cimas de la Locura, al beso del Infinito. Y el infinito me enseñó que sólo era un cuento. Que yo era el sueño de un Fauno. Pero mi cuento es muy celoso de seguir contándose y de llevarme a mí a tumbos de los cuentos.

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