HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El café. Hoy hay sol. Hacía muchos días que no se veía. La tensión y la angustia es ahora mi aliada. Porque yo estaba alejándome del Bosque y poniendo en peligro mi conciencia. El sótano de mi soledad estaba lleno de ruinas y ahora tengo que volver a hilarlo hacia la salvia. Crear nuevas ventanas. Evocar a la hechicera, a la creadora, a la que translitera entre la vida y la muerte, la danza del oso.
En mi exteriorización he rozado el suicidio de Alicia. Por eso es urgente que yo tenga una vid que se mantenga igual en el adentro y en el afuera. Por eso he de volver a las grutas y las cuevas del lobo. Mover el barro y la lluvia, en el hueso que yace entre los dos mundos. Integrar mi espíritu. Deshacerme de todo lo que sobre. Aguantar el pulso de abismo y retomar en mi centro, la gota de sangre y la música. Aguantar en mi centro, el ardor de la primavera. Y eso no es fácil, porque hay una estampida de ciertos animales y cabarets, de quimeras, de versos de usar y tirar, de somas, de mercantes fuegos dándome un falso calor. Yoseba es uno de ellos. Mi hambre ahora debe ejercerse en el desierto. Tal vez tenga que desangrarse un sacrificio hacia la hoguera del bosque. El juego se da en varias tramas a la vez. Una es la psique de Alicia y otra es su vagar por el Teatro. Yo tengo que conocer muy bien mi Infra, que lo haya recorrido mil veces no significa que comprenda sus profundidades.  Mi angustia ahora ha de meter mi esqueleto por el agujero, vagabundear mi desierto y encontrar a la huesera. Expulsar todas las otras historias de mi médula. En mi médula canta el vacío y la flor del cactus. Mi animal salvaje, su territorio, sin nadie más. No puede haber nadie más, mientras yo tenga algo herido, ni hambre. Debe haber sólo hambre ahí afuera. Y ese hambre debe venir a la cuchara de mi bruja, en el desierto, transformarse junto a mi Polilla. Y comprender que mi corazón me engañó, cuando yo estaba en la brecha. Mi hambre me puso muchas trampas en la senda. Yo las quise probar hasta el delirio todas. Y mi hambre permaneció, como debe de ser. Porque ella sólo se sacia con el Fauno. Yoseba al principio me provocaba una música de mandriles y fuegos, hogueras ambulantes y tesoros y aventuras y licores, la experiencia del amor, del probar todas las alcobas del placer. Pero yo tenía cada vez más hambre. Mi loba jamás encontró su alimento espiritual en Yoseba. Porque los lobos sólo se alimentan en el Bosque. Porque sólo la soledad plena en la desnudez frente al bosque otorga ese fruto. Cuando tiene hambre el animal, pasan cosas muy raras y a veces se pone en peligro al Bosque, y por lo tanto a la vida. Cuando vino la Polilla, yo descendí otra vez a mi infra, a través de la desolación y el hambre de mi loba. Y eso me hizo recordar otra vez el Bosque y encomendarme a él. 
Ahora yo tengo otra vez que deshabitar las trampas en las que anduve bailando, amando, y alcoholizándome éste invierno. Tengo que dejar desértico del todo lo que rodea a mi animal. Y en mi desierto, hallar la mirada de mi animal y mantenerme en sus ojos. Sus ojos tal vez ahora den miedo. Pero yo debo enfrentarme con Monstruo.

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