HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El pensamiento levanta prejuicios que sólo la hoguera, el viento, el soplo de la muerte y de la selva, libera.
La tristeza, engendra durezas, ataque-defensa, estribillo, sombra que vuelve, que sólo los pájaros se llevan a condición de no llevarnos. Mano pobre en la arena pobre, buscando al hermano en el misterio del agua, en el barrio, mundano encuentro de vagabundo canto.
La vida, acumula la prisión que levanta el ombligo, y sólo la borra, el vivir como el jabalí, como el lobo, como el árbol.
Volver al asombro del niño, del saltamontes, de la mar cuando nos huele. Al amor, sin saber nada del amor. Al canto sin aprender ni un pentagrama. Al oficio del pastor sin saber de ovejas. Del enterrador sin entender de muertos. Del chatarrero sin saber hacer la o con el canuto.
Conquistar el desconocimiento con la honradez del analfabetismo.
A cada escalofrío de nuestro cuerpo con el crujir de las estrellas.
No guardarle rencor ni a la muerte ni a la belleza. Ni a lo perdido. Ni a lo que se perderá.
No esperar nada de nadie. No repetir ningún pródromo. No tener mapa en la mesa. No cumplir ni una ceremonia. No pedir nunca permiso para abrir la puerta. No comprar ni vender. No ser de nadie ni de uno. No oficiar en el capitalismo ni el cotizar de la peste.
Volver a entender el lenguaje de los peces y de las nubes. Nacimos comprendiéndolo. Nacimos viendo al Fauno. Nacimos en el Infinito. Perderlo era parte de su juego, para ganarnos el amor del bosque hay que morir, hay que buscarlo en la locura, en el suicidio, en el pozo, en el desierto.

Somos libres. Ningún patrón sigue vivo ante el fusil y la palabra de una persona libre. Ningún país de estercoleros y capitalismo se mantiene sobre los hombros de una persona libre. Ninguna jaula, ninguna muerte, ningún carro de combate, mata el corazón de una persona libre. La libertad corre por nuestras venas como una jauría. Sólamente hay que hacerla aullar. Es nuestra. No hay que ir a buscarla afuera, está dentro como un volcán. No necesita nada de las circunstancias, ni de la especie, ni de ningún sistema o era. No pacta. No tiene condicionales ni de espacio ni de tiempo ni de hechura. Es lo único que hemos tenido siempre. Quien aulla jamás la perderá, ni la cederá, ni la agachará, ni la venderá.

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