HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El perro duerme. Soy muy feliz con Kavka. Él me acompaña el corazón cuando se me hiela debajo de la mar. Él siempre derrite mis corazas. Encuentra mis ojos, aunque yo los haya perdido. Caminamos uña con uña, la extraña y violenta serenata. 

Mi sensación de la rareza es algo que pervivirá. Mi escalofrío de la rareza, me hace sentirme un monstruo, una exiliada, una mordedura de un mal viaje con datura. Pero es algo que tiene un sentido cuántico en la mariposa. Es algo que explica la urdimbre de mi agua desde que nací. Explica mi distancia con la humanidad, mi elección del monte, mi escritura, el amor hambrientamente incompleto, incendiado y mortal. Mis cantos en el manicomio. Mis amigas las plantas. Mi nostalgia de ET. El canto de la madera en mis brazos. La sal en las heridas, la ola en la tráquea. La lucha. La repetición de la brecha unida a la muerte, como emponderar de la palabra, como percepción, como digestión del conocimiento y continuidad. Y es momento de que se asimile libremente en mi cuerpo. Por eso debo liberar del todo la noción de la locura. Borrar del todo el estigma que me pusieron a mazazos en el cuerpo y el que yo misma introspecté en mi soliloquio. Yo viví la locura. La utilicé para descender a mi Infra y encontrar el Bosque, aunque a veces encontrara también el infierno. La locura es parte de mi naturaleza. Es parte de mi alfabeto extrasensorial. Del corazón más corazón de Alicia. La locura tiene en sus lomos la fuente de la pesadilla, del espanto, de la destrucción de la psique y del tonal. Pero tiene también la resistencia del lobo, la magia, el Infinito, lo extraordinario, el canto de la belleza de lo indescifrable, el bailar del Fauno, el más allá y más acá de lo más humano. Si yo estuve loca, lo seguiré estando, con alegría, con toda el alma. Y la rareza será mi fuente, mi escudo, mi hora de alejarme y la de volver. Mi reloj de huesos de cabra y ojos de sapo. Mi aviso de la hora del monte o del abajo del abajo. Mi vino tinto a la hora de amar. Mi malecón con costillas de buho a la hora de cerrarme como una serpiente que estrangula a una ardilla. Y mi canto de bosque cuando me entregue y salte al vacío del amor. Mi zapatito de plomo en el empuje de la araña. Mi pala para cavar tumbas y buscar a la Huesera y mi cuenco para regar al lirio. Mi fidelidad a los perros. Mi yo perro. Mi yo ave que migra. La locura es mi manantial, mi isla, mi escarpado, mi desfiladero, mi esqueleto, mi manera de hablar con la hierba y con los rayos. Mi noche y mi día.  Y es lo que yo debo poner como centro en mí. Yo no puedo pedir a mi olmo, peras. Yo no puedo a través de la interpretación-espejo de los humanos y sus historias, querer amar como ellos, dudar como ellos, jugar como ellos, sin mi locura. Porque en mi locura vive el Monstruo que me busca y que nunca me dejará hasta que yo esté cantando sobre sus hombros.

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