HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El recuerdo de esa zarpas de hierro, en tu cuerpo sobre la orilla, descarnándote el aire con un golpe helado, todavía debajo del papel, escarba semillas de álamo, hablan de la muerte, cuando no te das cuentas, cuando nada quiere quedarse a esperar la lluvia.
Detrás de los andenes, un astro, curvaba la noche y tu piel de arena bebía de mis ojos el silencio que entre mis dedos gritaba la desolación. Fue muy abajo, durante mucho tiempo. Ocultan viejos gritos, los cajones que colgamos bajo los colgados. Todavía vienen a doler cuando las flores se acuclillan. Y hay que darles tierra para que descansen la muerte que te dieron, dejándote otra vez en el viento.

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