HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El viento trae a veces criaturas que yo no espera ver. Mi araña del río subterráneo, espina la esquina en esa cumbre que te fumas con tu yo-muerto. La resurrección, baja mucho más abajo en el abajo. Donde una mano de plomo yace bajo la siembra la fiebre del sol. El pulso, se echó un vals suicida con la más solitaria sombra del callejón. Entre la vida y la muerte, frotó un fuego, el nombre oculto de tu calavera de cangrejo. Y la bola de cristal se limó de mezcal. Bailamos separados la inflamación de la dormidera cuando en tus bolsillos se acababa la arena del reloj. Del pez escamó un anzuelo en la horfandad que nos dio a luz esa manera de brincar, esa manera de caer. Del nervio-madre, un asiento vacío en la proa de la llama deliró un piano en la vela consumida y esa palabra empezó a escribirse desde tu lágrima de coral.

Ojalá fuera sólo un perro para hacer mimos con la tierra a la vuelta de campana de la noche.

Dolerá todavía mucho más, no sueltes todavía las cuerdas, no abandones la pala ni acordeón. El nudo gordiano de la mar aprieta en tus esquejes el sonido que seguirá.

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