HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Empiezo a ver otro camino. El del perro negro, el topo, el gorrión, la hierba, la tierra de la raposa. La gruta de la noche. Nuestro corazón salvaje y desolado, en la abrasión de la naturaleza, el arrodillamiento ante la lombriz, la flor, el árbol, el Sol. El retorno a casa.
Empiezo a comprender que no hay tantos problemas como yo creía. Que esa muerte en realidad traía el alumbramiento del beso del bosque.
Empiezo a ver que el reclamo de amor y su desgracia y la puesta en marcha del Lobo y la amenaza mortal de la polilla y mi herida de amor del Fauno, eran piezas que volvió a traer mamá serpiente y mamá noche. 
Que yo me alejaba del bosque con Yoseba, porque la energía sexual quiso jugar a las parejitas de humanos, en lugar de la independencia de lo salvaje. La energía sexual hizo un extraño pródromo de cortejo humano. Y eso es muy mezquino. El cortejo debe ser del viento, del sol, del monte, de la Bruja y la Vieja Madre. La pulsión sexual, despertó viejas capas involucionadas de la dependencia emocional, de los embrollos sociales y sus teatros, y eso me alejó de la Loba. Y puso de frente a mi desgraciada Niña Perdida condenada por suerte y exclusivamente a la Polilla Negra. Porque el embudo de mi corro de la bruja ya estaba prometido al Monstruo. Pero tuve que dar muchas vueltas por el cabaret, la perdición y los experimentos humanos, para entenderlo.

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