HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

En el fondo no es importante qué quede en la mesa. Sólo que sea con corazón. Con corazón la sequía, la escabechina, el velorio, la playa, la guitarra, la indigencia.  En el fondo sé que yo me basaré en lo que no sé y que tomaré justo el camino de mi descamino. Que cuando empiece a arder esa cerilla, yo seré un insecto que baila. Un sueño que se sueña. Un esqueleto y un astro. Un topo y un mirlo. Sólo el delirio de mi actriz. Sólo el delirio de mi carne y de mi obra, de mi inexistencia, de mi canto. Sólo seré una metáfora de fuego. Una huella entre las nubes. Un amor que explota. Una lágrima que quiere dar de comer a los jabalíes. Si es que estoy loca, lo estaré miles de estrellas más. Y al final lo único que importa es que suene la música.

De mi pesadumbre de loba sin amigos, la cueva también liberó al canario. Los minerales y las minas, al pico del viento cavaron escaleras de caracol entre un cascanueces y la luna. Yo di miles de vueltas sobre la tez de un tejón, y de mis brazos crecieron salmones que cantaban el eterno retorno de una bruja. Su cajón de niebla. Su muñeca de vapor. Su amor perro.

Atasco mi cuaderno en el ombligo de una araña. Sufro sus palabras como un hueso clavado en mi corazón. Sufro los desvelos de la importancia de mi propia vida, como una ladrona, como una exorcista, como un pozo, a veces arlequin, a veces el drama. Me atraganto el aullido de mi hueco como un pronombre de plomo en la sombra de mi barco. Y sé que sólo soy un sueño. Pero me tomo demasiado en serio no sé qué gota de sangre, no sé qué animal sin manada en el desierto. Llevo a todos los sitios mi cuento cuando sé que sólo es un cuento que me cuenta el bosque. Yo quiero liberar a todos sus personajes y pacerlos en los lomos de los lobos y de los caballos, de los peces espada y de los monstruos. Yo quiero quedarme en el Infinito. Pero mi pellejo es el mismo que me separa. Es el mismo que me une. Por eso vago indigente y rana, el rayo del horizonte y de las fosas de la tierra. Mi razón jamás abarcará el motivo que me impulsa. Mi humanidad seguirá siendo una orgía de animales y de plantas. Mi soledad en sus mareas de polvo y de lobeznos, abrazará a veces al sol en sus brazos, a veces a la muerte. Y él sólo será otro cuento que cuenta el bosque, otro sueño lejano y escarpado que nació en las antenas de un fauno, y que lleva por ahí su cuerpo como un amasijo de metales y de criaturas del agua. Y contaré muchos cuentos, a la vida entre sus ojos. Mi mano de agua, no se contentará jamás con tocar al tiempo. Haré otra vez, con él, vacaciones paganas, hilachos de ciervo y de salvia, al pecho del árbol, a la nostalgia. Me diré que valdrá todas las vidas. Y será, sólo porque es un poema. Y los poemas nacen y se van. Nadie puede hacerse dueño. Nadie puede quedarse. 

La rareza de haber sido nombrada alguna vez por el Fauno, me dará sin querer, siempre un velorio y una fiesta, mezclados en la extraña luz de los sueños y los adioses. Me dará siempre, un animal que camina delante, un papel que se muere, un país que no resiste. Un amor de otro mundo. Un nombre goma de borrar. Un corazón de queroseno y plastilina. Un armónica de locos. Un vivir y un morir de alienígenas cantaores, de desiertos con patas y antenas de luciérnaga. De hambre de la primera sílaba y hartura de lo impensable.

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