Ardidos

Entra un poco de sol por la ventana. Busco las palabras. Anoche sufrí otra vez ese extraño derrumbe unido a la nada y al espanto. Pero ésta vez me mantuve ahondando en la sensación. Buscando la lucha, la conciencia. No me entregué al sentimiento de desolación. Eso cambió algo que tal vez se representó en la belleza de ese sueño. Tal vez esa voz que me desvela a veces, es la voz psicótica. Un agujero de gusano, a la descomposición de todo yo y su hacienda. Un extraño fruto creador que filtra por la muerte. La promesa del éter. El tormento que en el otro lado es el optimismo de lo anfibio. Algo que siempre mete una brecha en la identidad y permite la vida de la mariposa y su metamorfosis. O tal vez, es un cable cortado de la pesadilla que también se regenera y muta. Siempre he vivido con eso. Sobretodo viene cuando yo ya no voy a escribir, cuando estoy cansada de ser consciente, cuando me dejo caer entre mis huesos y mi soliloquio se hace niebla que busca el punto de fuga en el abajo del abajo.

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