HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Está nevando. Abril nevado es lo más bello. Se oyen mucho mejor los tímpanos de la raposa escondidos entre la mata y el humo levitante del rio. 
Voy a ir a estrenar mi nuevo pellejo de perro, bajo los copos de nieve.
Hoy ha sido un día muy importante porque he vuelto a reconocerme en mi animal y en el monte. Porque  se han desnudado los nudos de las nubes de la tormenta en su legítimo hilo y aguja que es la de Monstruo.
Porque mi viejo yo murió de su corazón en el corazón de los riscos. Porque sus quimeras se desembrollaron entre el orín de los erizos y de los lobos. Y vi la luz. La terrible y extraordinaria luz de los que sólo tienen el monte, el desierto, el río, la Vieja Madre antíquisima, perdida en un hueso de mamut, enterrada bajo miles de pozos bajo tierra. Donde el cuerpo de la nada, es el único diástole capaz a brincar y a volver a tocar y reproducir el agua.
Hoy estoy muy contenta, porque he vuelto a sentir a Monstruo y su milagro. Porque he vuelto a sentir cerca a mi casa.  Porque ya no me parece imposible que vuelva a brincar en las ramas de su jardín y a hablar el lenguaje de las orugas y de los pájaros, de la noche, de la distancia, del Tigre. 
Aunque esto es una batalla. No puedo ya permitirme quedarme anestesiada por el beso del peyote y mamar de la teta. Para no perder el camino a casa hay que pelear, hay que darle a la muerte lo que pide, hay que bajar al pozo del pozo de la herida y ver la pupila de la huesera y soportar su mortal mirada. Hay que ir muy rápido de un sitio a otro, sin pararse, sin conformarse, sin complacerse, sin querer que baje el soplo de gran espíritu y nos mezca en su cuna. Al Bosque no se llega así. Al bosque se llega como a una guerra.
Ahora voy a poner el abrigo y a emprender mi viaje bajo la nieve.

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