Ardidos

Estos días he vuelto al monte, de una forma que había desaparecido en invierno. He vuelto a través del viaje y del reconocimiento del espíritu vivo de la naturaleza, de su espejo mágico, de su Fauno. Y se han reunido a mi alrededor viejos secretos que alguna vez me ofreció el Bosque y que yo había olvidado. Éste invierno yo estaba en un ciclo extraño de oposición y lucha sanguínea a través de una espada y una pared. Estaba ofuscada debajo del agujero del topo. Y a la vez un cuerpo de viento me bregaba de un lado a otro mientras mi sumidero engarzaba el hueso roto, el oculto motivo, la sombra. La sombra que proyectaba el recuerdo de mi casa, era a la mitad un fado, y a la mitad un acto de fe.

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