HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estoy más seria del silencio de la nieve, de la tez de la roca. Del pelaje del jabalí.
Ya no me apetece poner esa música, delirarme, beber taitantas cervezas.
Creo que durante estos meses he cometido muchos excesos. Que me mantenían en la cuerda floja. Y la cuerda floja empezó a quemarse desde el soplido de Monstruo. Y entonces vino la Polilla.
Estaba equivocando el camino. Aunque lo hiciera por un sueño y por un poema. En el fondo todo lo que hago es movido por un poema. Pero estaba poniendo en grave peligro el amor del Bosque. Mi propia vida. Estaba sustituyendo el beso de los duendes, por una botella de whisky y sexo animal contra las sombras, contra la muerte. Mi Alicia estaba perdiendo el norte, en la nordestada de la cresta de la ola.
Yo nunca supe cuidar demasiado de mí. Porque el corro de la sombra de la bruja, estaba abierto. Porque yo tenía un secreto. Porque yo tenía una herida que no estaba cerrando, yo me metía en ella y usaba su sangre como mi trampolín, como mi canto de vagabundos, como mi don del esperpento, como mi estrella. 
Y ahora es tiempo de volver al Bosque. De ser mi propia madre. De conocer mi secreto. Y de curarme. Curarme como lo hacen los lobos. Como uno se cura en el desierto.
Creo que en el fondo yo estaba enfadada. Yo tenía dentro un agujero de gusano de la rabia, del desconsuelo, de los mil fracasos colgándome sus algas y sus mástiles corrompidos por el pelo. Yo estaba rabiosa contra el amor. Porque no lo tenía. Porque no me traía un ejército de héroes para besarme y levantarme entre sus brazos. Hoy comprendo que sólo el Fauno puede darme ese amor. Y que el Fauno soy yo. Cuando llegue al lugar donde yo y el fauno hablemos en el mismo cuerpo, se curará mi herida. Y estaré de una vez en paz. Mi rabia, comprenderá y se disolverá entre los brazos del bosque.

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