HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estuve tres horas en el monte. Vine algo cansada. Y el final del paseo fue una incursión en la náusea, en el desvarío de mi piedra ensangrentada y el ver sus motivos, el rugido de la oscuridad, y fue también un ejercicio de resistencia y ahondar más allá, sosteniendo el equilibrio de lo que quiere hundirse y buscando el canto. Y al final también me di cuenta de que he de ser feliz, sino de qué vale. La gravedad de la Polilla también tiene que ser compensada con los juegos de perro y de pájaro, de lagartija, de mono. Con la inocencia. Con la flauta vagabunda. Con el grajeo y el cacareo y la risa del agua. Con la confianza en la indigencia ajena, en los perros y monos y cuervos de cada uno, en su sereneta marciana en medio de ninguna parte. 
Durante un rato me vi a mi misma otra vez como esa loba esteparia sin amigos. Y no me gustó. Alguna vez sólo fue eso lo que deseé. Estar en paz con las cabras y el monte. Pero ahora también quiero compartir, amar, hacer viajes plurales donde mi yo no sea una pared ni mi nicho ni mi comienzo ni mi fin. Donde vuelva al duende. Que sea antes el fauno pero que ría, que qué jodida herida que tan frías manos me pone..........Durante un rato pensé en esa libertad que yo siento cuando subo al monte y los mil viajes habitados que me dan los musgos y las piedras. Pero cuando me vi a mí misma tan tensa bajo la lluvia, tan silenciosa, con el rostro tan ardido hacia la lejanía y serio, me di cuenta que eso albergaba también una ausencia, una tristeza.
Durante el viaje, recordé algunas veces que subo con Yos al monte, su forma de meterse por los caminos de liebre, de echar afuera las ramas, de salturrear como los lobos. De callarse. O de vibrar armónicas de pinchos y de despeñaderos. Es distinto el monte cuando voy con él. Y él a la vez también tiene un doble, un yo salvaje que conoce los secretos, que busca a la Vieja Madre, que ha jugado a los naipes con la bruja, y habla la lengua de los venados y de los perros, del río, de la lluvia. Tal vez ahora atravesamos un desierto. Yo he estado alejándome de él, caminando sin él, contra él. Pero algo en mi corazón, estaba ocultando el sentimiento de amor que le tengo. Aunque sea un sentimiento versatil y animal, voluble, nómada y a ratos zarrapastroso y pobre. Hay un sentimiento a corazón puro que le ama. No sé si le quiero como un amigo lobo, a ratos le quiero amante, a ratos le quiero el rayo del alba, a ratos muy lejos de mi casa, a ratos un ladrón que no preguntará, a ratos el pánico de quererle, el dolor, el whisky, el suicida. A ratos un jabalí que trae el crepúsculo. Un compañero.

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