HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Fue algo incómodo regresionar a aquél lugar. Pero creo que es indispensable para encontrar mis huesos extraviados.
Cuando se ha atravesado en el Ir... la experiencia de la locura, de la amputación de la psique, de zonas de secuestro y asesinato interior, el camino al Bosque es más complicado. Yo alguna vez fui un cadáver. Un fantasma herido, amordazado, que ya no se movía, que no quería vivir, que sus peleas acababan en el lodo y en la derrota ansiosa de la muerte. Y aunque sea desagradable, esa información, lo que bebí entonces de la existencia, está grabado en la memoria de mi cuerpo.
Eso es parte de la sombra del corro de la bruja. Eso me explica también porque he tenido tanto pánico al amor. Porque he tenido la voz de un sub-yo taladrándome como un monstruo. Una cascada de la fealdad y del Leteo, separando en ciertos instantes el crujido de la margarita de mi piel y llevándome al abajo del abajo. Eso también explica porque recorrí con vanidad luego la oscuridad, el exilio. Porque viví tantos años en guerra. Y el sentimiento de atrás de la sombra del corro, era un sentimiento de profunda vergüenza, vergüenza ante haberlo perdido todo, ante sentir que yo no era capaz a luchar y a moverme, un sentimiento también de culpa que quedó desfocalizado y aislado, en alguna clandestina cicatriz. Algo que provocó una separación en mi psique. Un trauma que escondió bajo la fosa el secreto de mi piedra ensangrentada. Me refiero a un extraño sentimiento que ocurrió tal vez cuando tenía 19 años. Pero que ocultaba su formación también en ciertas heridas de la infancia. En ciertos lugares dolorosos a los que accedí en viajes con drogas. Y enfrentarme de nuevo a ellos es de vital importancia para ir hacia el bosque. Tratar de ver al Bosque, en ese pasado, aunque su hilo fuera casi una agonía, una uña desesperada de un araña atravesada en mi cuello. Creo que el secreto de mi piedra ensangrentada, siempre albergó en mí, la tristeza. Aunque yo en estos años he estado mucho más cerca de la música que del espanto, algo en mi conexión, siempre estuvo íntimamente ligado al espanto. Siempre permaneció en mi soliloquio ese sótano de cadáveres y su dolor ejerció una fuerza de lucha, no de abandono y caida. Pero algo muy oculto en mi nervio, siempre se iba del amor. Espera sus horas de Comala. Mi escritorio de la cucaracha de Kafka. Mi monstruosidad en mi petit comité, en mi vaso de vino y su dicha. 

Algo de esa fuerza, fue formulándose éste invierno. Aunque yo estuviera en otro comando de la mariposa. La piedra ensangrentada seguía ejerciendo una fuerza de gravedad en mí que se fue abriendo en la náusea de monstruo, en contraposición a mis anhelos y a mis canciones. También como un beso de vampiro yació en mi cuerpo cuando dormía entre los brazos de Yoseba. Y la vi reflejada ciertas noches en sus ojos. Porque yo la llevaba dentro. El afuera la acariciaba en mi piel y en mi grito. Porque esa es una ley del Fauno. Lo que hay dentro, es atraido y escrito afuera, el afuera nos escribe lo que tenemos dentro.

Fui consciente hoy, de un tipo de energía y emanaciones de la zona más clandestina de mi ser que ejercían en mí un lugar donde yo no cruzaba. Donde yo me sentía incapaz de resolver hacia la vida. Incapaz a cantar al Bosque y a salvar mi propia vida. Hoy caminé en mi trance hacia el intento de atravesar esa puerta. Abrí la voluntad hacia tomar otra vez esa batalla y ésta vez pelear. Ese lugar, es un lugar medio indescriptible. Pertenece a una información energética, inefable, a medio camino entre los dos mundos. Algo muy secreto. Algo del Infra. Algo a flor de piel de queroseno y sal. De cuchilla y criaturas del Ensueño. 

Yo desarrollé la hipersensibilidad a ese tipo de libro, junto a los marcianos y los muertos. Junto a la yerba del diablo y a Alicia y sus desvelos. Junto a los monstruos y las paredes. Junto a los abismos y las caidas al fondo de los fondos.  También lo desarrollé junto a mi suicida. Conocí muy intensamente esa información a los 16 años en mis viajes por el laboratorio Artaud-hachís. Conocí demasiado y me metí demasiado cuando yo no tenía suficientes instrumentos y cuando albergaba heridas y fantasmas. Por éste motivo, la amputación de mi psique, el espanto de la esquizofrenia, me mantuvo como una momia sumergida debajo de un océano muy oscuro donde yo sólo comía veneno y secretos de peces y algas. Por éste motivo, el laberinto del Fauno, se vesiculó muy hondamente en mi nervio. Yo me fui muy lejos detrás de la puerta de la muerte. Y morí. Y viví en ciertas ecuaciones de dimensiones que tenían un alto precio. Y ahora he de cumplirlo. Es parte de mi historia. Mi fin es dejar de una vez atrás mi historia y llegar al Fauno, como la sombra del Fauno. 
En mi pasado yo defendí el presente, el vivir sobre el fuego, al canto de los pájaros, sin cicatrices, viví huyendo de mi pasado, viví extranjera de todo cuando llegué, vagabunda. Porque tenía una piedra ensangrentada. Hoy sé que en el Bosque, todo lo que ha sido se reproduce. Absolutamente todo. Lo más mínimo de la realidad ordinaria tiene un doble en la realidad del Bosque. La única forma de liberarse de la propia historia, es regresionar a toda ella desde la cuántica y no dejar ni un cabo suelto.  Mi historia fue una historia también muy oscura. Viví alguna vez en el bisturí que sacaba el cerebro a Franquestein en el espanto psicótico. En la enfermedad de la enfermedad. Y aunque me duela, la llevo en mi cuerpo. También fui una suicida. También ataque la vida. Ahora he de reunir todos los huesos. Sobretodo los que me hacen huir y vuelven a provocarme la mueca del espanto.

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