HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hace algo de frío en la casa. El perro duerme todavía. Yo tengo que permanecer en movimiento. Sé que hay en mi psique, una caja de pandora llena de culebras y de sapos, de insectos de la datura. Una especie de agujero de gusano que a veces me hace la conexión de Comala. Mi escritura lo espanta. Se alza sobre ese cadáver y me crea hacia el río. Pero todavía está vivo en mí ese lugar. Todos los días caigo un rato en el soplo de su infierno. Es una tumba de la locura. Es un campanario de los malos viajes con plantas. Es un tipo de conexión rota entre las metáforas y los hechos. Nociva. Dolorosa. Monstruosa. Yo tengo que aprender a distinguirla cuando llega y a cerrar la puerta, a no entrar a esa habitación. Permanecer en silencio de mármol. Detener del todo mi pensamiento y mi sentimiento. Meditar la mandrágora y el océano. Jugar con el perro. O echarme a caminar. Barrer la casa. Hacer una pintura. Escribir. Coserme unos pantalones. Lo que sea que no me haga entrar en esa habitación.

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