HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay que saber irse con la luz del Fracaso, antes de que se estropeé su luz y se vuelva un muerto. Irse, con la danza de la pérdida, cuando aún la amapola besa la nada. 
Siempre entre éstas luchas, hay un hueso que tiene nuestra sangre y que echamos a la mar. Si te agarras mucho a él para salvar y cotizar los insomnios y poemas invertidos, te comerá el corazón y te dejará un agujero negro. Hay que soltarlo. Dejar que la sangre derramada tiña el canto del coral. Hay que perder el hueso. Hay que sacrificarlo al canto del cuervo de la grieta de los mundos. Hay que irse cantando. Hay que perder un cacho de la vida, como río que mana, como lobo que aulla, como piedra contra piedra haciendo chispa.

Agarrarse al hueso es cavar un hoyo y quedarse enterrado dentro.

Yo lo sé, porque otras veces preferí morir que soltar mi hueso. Y viví como un esqueleto mil galaxias. Abajo del abajo. En la soledad más puta de las soledades. En la sombra más sombra. En el hueco más hueco.

Hay que honrar al Fracaso y a su memoria de tierra y mezcal en la piel.
Hay que comprender su amor y su vino. Aprender de su bestia peluda. Cantar sus garras y el himno de sus tratos con la muerte y con la polilla.

Por eso ahora que viene otra vez la muerte a buscar mi hueso. Yo voy hacia a la muerte a entregarle mi hueso. Ya no quiero jugar a la caza con la huesera. Sé que ella es la madre. Sé que su amor es el amor. Su poema, la poesía. Su vida, la vida.  

Por eso voy con el agujero y la sangre de mi hueso arrancado, a buscar a la loba, para lamerme mis heridas. Y seguir hacia el bosque.

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