HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He cocinado. Ahora lo he dejado ya en el fuego. He fregado todo lo que manché. He tendido la ropa. He recordado a mis abuelos. Esas tardes de invierno donde se cocinaba, se tejía, donde había un brasero, una historia antigua que se contaba, una fotografía escondida debajo de la liebre. El olor de una casa. A veces cuando yo estoy sola desaparece ese olor. Me pertigo sobre Alicia. Hoy al volver a esas horas cotidianas sentí que un fuego se avivaba. Un fuego también necesario para no perder los papeles en el Bosque. Una especie de raíces. Aunque su tierra sea de vapor. Un todavía. Un humillarse ante el barrendero y el pastor y el sastre.  Recuperar espacios que a veces me ardían entre el vino tinto y el ansia del Fauno.

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