Ardidos

He de vivir en mi lejanía.
Su gruta, su malecón, su lágrima, su esperanza y su vino, es mi camino al bosque.
Es el beso de la rareza. Es lo universal del cubismo. Es mi naturaleza.
Mi naturaleza no es ser la amante, ni la hija, ni la hermana, ni la madre de nadie. Sino del cubismo y del Teatro.
Yo no soy la que cuido la casa.

En mi subconsciente hay un cortocircuito y una radio averiada y virus y pajaritos, que me envía la idea de la humanidad que me envía la otredad y el exterior, la idea de las relaciones, de lo real, de lo normal, de lo anormal,  del amor, de la moral, de lo aceptable, de lo inaceptable. Pero eso siempre fue una garrapata sin perro en el que comer y vivir.

Esas nociones nunca fueron mi noción. Aunque también quisiera experimentarlas. Aunque las sufriera. Aunque las tuviera que cagar cagando una avestruz.

Mis nociones fueron el cubismo y los bailes de los perros y de los jabalíes. El Teatro, lo tuyo es teatro, puro Teatro.

Es mi rareza mi fuente.
Es mi soledad preñada por faunos, mi país, mi cultura, mi mamá. 

Por eso yo nunca tendré un novio humano, ni una familia humana, ni un destino humano.

Porque lo humano me lo envió el espejo lunático de una bruja. 
El amor tampoco me lo dará un humano. Me lo dará un aquelarre y un baile de disfraces en la casa de Monstruo.

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