HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por la naturaleza. Ahora me he abierto una cerveza, ya no bebo taitantas todos los días, sólo de vez en cuando. He estado tumbada en la hierba, haciendo estiramientos, voló una cigüeña muy cerca de mí, ya hay mariposas, el verde está muy verde.  Hay un latido del alma. Estuve en un viaje interior pero a la vez era acuoso, fluía, se dejaba hacer por la naturaleza. Llegué a un lugar de tensión que me sopló desde el bosque. Disfruté de las hierbas, del río, del Sol. Jugué con Kavka. Una nueva vida entró en mi piel. Luego estuve tomando el sol un rato desnuda en la galería.
Recordé sensaciones de la sinergia, de la música del alma, del celo de los árboles. Había águilas y cucos. 
Ahora es un instante más detenido. Al tocar no sé qué albura de la amapola blanca en esa tensión que se enfrentan aún lugares deconstruidos de mi naturaleza, me brotó un desvelo de mandrágora.  Algo que tiene aún que bailar hacia el bosque y experimentarse en sus distintos actos. Volvió a cruzar un juego de brasas en mis venas, algo sutil y a la vez vehemente, de las profundidades del deseo, de la pulsión de mi matriz, de la lluvia de manzanas, de cierto vino taciturno, del manto de hojarasca, de la lluvia en la piel.

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