HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He pensado estos días de forma distinta en la otra metamorfosis. He pensado que ese radicalismo que yo albergaba sobre el mundo del éter y llevarlo todo a beber allí, a empezar allí. Era algo que me exiliaba del todo de la vida terrestre. He pensado en la armonía. En ese retorno a lo mundano, a lo desnudo, al diccionario común del Bosque sin echar a volar por ahí con mi escoba de ayahuaska. Pero tal vez en mi doble naturaleza, hay algo que vive en ese bosque. Ese algo que me da el 3, la duda, la canción de polvo y vino. Y en su zona oscura, me da la náusea de Monstruo. Me da el renglón de dinamita de la guitarra, y me hago hermana de la piedra y del pozo. Y mi identidad entonces se vuelve la membrana de una flor carnívora y mis yoes son los chivos expiatorios de mi pasión oceánica. Pero no es algo que ahora me preocupe. Ahora tengo que moverme. Dentro del buzón está pariendo una garza. Mi rareza es también mi resistencia, la honradez de mi búsqueda del Fauno. Mi naturaleza me provocará una emboscada si yo me separo del Bosque. Mi naturaleza usará el don de lo esquizo, si yo estoy sangrando en el camino equivocado. Mi naturaleza me protege a veces con muertos y con fantasmas, con un secreto de datura, con un Teatro sólo para locos. Mi naturaleza me llevará al fango junto a mi primer muerto, antes de que yo compre baratijas en el lugar equivocado. Aunque en mi naturaleza también viven crueles bestias que nacieron del ardor de la psicosis. Y ellas a veces me apuñalan entre sus brazos mientras me cantan la canción más triste de la tierra. Esas bestias no tienen madre. Por eso son tan violentas. Tal vez yo deba intentar darlas abrigo en mi pecho.

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