HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He tenido un trance. Fui consciente de la sensación de la náusea de monstruo, de la mordedura de la distancia, a través de las sensaciones físico-metafóricas provenientes del órgano del corazón. La sombra del corro de la bruja, estableció ese pródromo en mí, desde los 10 años o por ahí y volvió siempre entre todas las personas. Y me llevó a la oscuridad, a la soledad. Fue algo muy importante descubrirlo de ese modo, porque al sentir que esa fue siempre mi herida, también sentí la probabilidad de quedarme en el bosque, de curarla. Me quedé escuchando los secretos de la memoria de mi corazón y fui viajando por distintas regresiones. Me di cuenta que hay un lugar donde yo siempre retrocedo. Me dejo llevar por la bruma. Me apeo y me voy con las ratas y los arbustos. No peleo más. Y ésta vez quise seguir caminando. Fui consciente de un lugar que asocio a mi muerte, a una amenaza de muerte y me lleno de miedo y me defiendo o ataco o huyo, y estaba incrustado en mi corazón. El miedo al amor, lo he tenido desde que era niña. Fui consciente también de que yo quería a Yoseba. Y que tenía miedo. Y que las piedras de mi corazón me protegían y me acorralaban. Y algo a la vez en el trance estaba en un sitio mucho más lejano, algo más allá de la vida humana, algo que tenía que ver con el Fauno, algo que me obligaba a sangrar a ir más dentro desde esa sensación del peligro de muerte, algo que golpeaba mi corazón y le pedía que cantara, que siguiera. Algo que reconoció una especie de infartos y cicatrices en mi corazón y que buscó que se regenerara su piel de mariposa. Y durante un rato, desde la náusea de monstruo, mi verdadero espanto alojado en mi corazón, me di cuenta que deseo atravesarla, que no hay ningún otro camino, que debo ir mucho más dentro y que Yoseba también es el duende donde eso ocurre, porque la Polilla Negra, vino contra él, contra mí, vino jugando hacia la luz del desierto, del Infra y del Bosque, de la muerte y de la regeneración.  También pensé en K. Cuando apareció la Polilla Negra, cuando apareció la náusea de monstruo, y supe que yo lo había arriesgado todo en la náusea, que aunque perdiera los huesos yo había querido también atravesarla y que a lo largo de mi vida, siempre fui de frente a la náusea, eso me hizo sentir valiente y honrada. Oí también los viejos cadáveres del amor habiendo dejado las piedras de sus tumbas incrustadas y quise llenarlas de agua y volverlas al árbol. También recordé a mi amigo que se suicidó. Y luego el perro me sacó del trance. Se puso a revolotear muy contento y a saltar sobre mí y a lamerme la cara y a morderme la ropa y yo lo quise infinito, el corazón de los perros, es el corazón más corazón que yo he visto nunca, es lo más bonito del tambor del bosque.

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