HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hemos hablado de hacer piraguas, de ir a galopar a caballo, de subir montes, de hacer hogueras y acampar entre los robles, de asaltar la piscina por la noche y nadar bajo los rayos de luna, de trepar a los árboles. Yo no le he hablado de mi necesidad de vestirme entre los líquenes del río y de llorar los pinos, ni de la urgencia de dar una calada a la roca y borrar poemas con una sonrisa de tordo, entre las nubes y la nada. Ni le hablado del erizo que ha venido desde la noche más oscura de mi noche para alejanarme donde los arroyos son los que acaban la angustia de hablar. No le hablado de la necesidad de que no me toque sino con un canto alrededor del fuego, junto a la muerte. Tampoco le dije que detrás de la tristeza de mi Monstruo también se encuentra desterrada la humanidad que le incluye. Y que ahora miro en sus ojos viejas cuchillas que aunque no tengan nada qué ver con él, lo derraman a él, como un corte en mis venas. No le he dicho que yo llevo dentro esa muerte y que ahora se agita como una jauría desbocada, entre mi yo y mi yo, entre mi cuerpo y su cuerpo.

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