HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy estoy silenciosa. Más instrospectiva sin la utilización de la escritura como motor. Más acuosa de eso que mana y no se sujecciona sobre el verbo, ni desarrolla sus cauces y afluentes. Sólo siente. Recuerda desde la tez del anfibio, desde el asombro de los árboles, desde una canción triste que también desenreda el esqueleto y entra en las zonas menos pobladas del corazón. 
La metamorfosis que empezó con la llegada de la Polilla Negra, ha seguido. Yo me he ido de todo para volver al bosque. Hoy estuve sintiendo vibraciones de mi inefable escarbarse y removerse en la tierra, poner a descansar su oido en el chopo, deteniéndose. No tomando armas, ni la urgencia de escribir o hacer. Era un ciclo distinto de sentir. De dejar que me hable a mí lo abstracto y no pelear yo su sonido en mi pecho.
Estuve sintiendo con el corazón. Ese corazón asustadizo de venado que sólo sale a la superficie cuando no hay absolutamente nadie.
Y esto también es parte de la construcción de mi casa. Hay algún lugar donde yo no vivo con la tensión de avanzar ni de escribir ni de exorcizar o cantar. Sólo siento. Y me abrigo en la naturaleza y me espejo en ella.
Entre los sentires de hoy, he tenido regresiones y mugidos sobre lo que me preocupa. Y las he llevado al interior de sí mismas y las he dejado nadar. Hoy necesito eso. Es parte para poder vivir en el bosque. Dejar que hable aquello que este invierno me estuvo vetado entre una botella de ginebra y un escenario. Su tristeza no me llega como tristeza, porque es una verdad sanguínea y acuosa. Porque me ayuda a ir a casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario