HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy estuve cantando una pequeña canción, en ese instante, donde el alma se anticipaba y retraía, al paso. Todavía tengo mucho que cantar. Sanar la sombra del corro de la bruja, es llegar al bosque y no irme nunca más de allí.
He reconocido a través de las frecuencias de la oscuridad del corro, que algo de mi ser, seguía hiriéndose. Algo atado por alambres en mi entraña seguía evocando la tristeza. Es doloroso darse cuenta del propio dolor. Descubrir dolor donde se creía que había hierba y agua. Y es el propio dolor el que atrae a la Polilla, para sanarse y volver a oir el Bosque. La conciencia es también incómoda. Porque desbarajusta la casa. Porque derrama los viejos jarabes y licores. Porque rompe las quimeras que alguna vez nos dieron dicha. Porque entra abajo del deseo, y nace un deseo más profundo que tira por la borda lo que se tenía para nombrar al Sol. Porque se produce en las manos creadoras de la muerte. Y durante alguna parte del camino, se vaga por el desierto. Se vaga en círculos bajo la noche, con los ojos cerrados tocando los arbustos y el agua de las cortezas de los árboles y las espinas. Con el hambre. Pero algo etéreo y abstracto, sabe que ese el alimento. Que esa es la luz, el hambre y el desierto.

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