HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy hay un silencio de carbón y anís. Un rubor que se pierde en la maleza. La huella cerrada en los labios de tierra de la muñeca, explota sobre tu escritorio, lapiceros que nombraron no sé qué luna desde el río y hundieron sus garras donde tu voz de almizcle y de madera, calló hacia dentro la mar.
Aunque vengan viejas heridas no es momento de sangrarlas desde el mismo cuerpo. Se metió dentro un astronauta intruso, un escarabajo, una liebre, frota la sangre contra la puerta de la vieja cueva, tiene calaveras y pájaros en su boca de piedra. El descanso no es un lugar seguro de momento. El corazón a veces se me pierde en un pajar de esqueletos de cabra y de maíz. Late desde el infra, círculos de caracol entre la hierba. Una gota de saliva de arce conjura la alquimia.

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