HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy he hablado un poco con él. Le hablé lejanamente del monte. Me habló de la mar, la bicicleta. Pero estoy distinta. Ya no me apetece tanto con él, ese fuego del reclamo. Ya no deseo tanto oirlo, ni descansar el grito en su regazo, ni esconder el grito entre sus dedos. Algo me empuja a un monte donde no hay nadie. Algo muy extraño en mi vientre, está todo el día pegado a una amenaza, a la tensión de la metamorfosis. A ese radar telépatico de mi insecto de la datura. Me voy a sitios muy extraños, donde todo roza el puente volado de la locura. Donde presiento escarpados en la sangre de la hierba. Y ese anfibio se metió entre mis huesos. El territorio del agua, me impide de momento respirar el corazón entre los humanos.  No sé si son viejas cicatrices del exilio. No sé si es sólo por eso. Trato de regresar a la superficie del bosque. Pero el camino está lleno de pozos y brechas que imponen el respeto de la música. El camino de la mano del Monstruo. Ajado a cierta pesadilla de muerte. Y a la vez con una vehemente esperanza en el bosque.

No hay comentarios:

Publicar un comentario