HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy voy a subir lejos en el monte. Kavka todavía está dormido. Entra un poco de sol entre las nubes. Pero creo que hoy también lloverá. A través del dolor que sufrí a noche... un extrañísimo dolor paranoico de la náusea de monstruo, comprendo mejor a Monstruo. Comprendo que en las desventuras de mi pasado, yo viví sólo bajo un subterráneo hilo de agua. Y a mi alrededor todo era una pesadilla. El saber que adquirí del espanto, me llegó muchas veces como un castigo nazi en mi corazón de papel y de musgo. Y algo en mi subconsciente se abrió sobre el canto de la esquizofrenia. Algo de todo aquello, en sumideros extraños y medio aislados de mi psique sigue teniendo los instrumentos del agujero de gusano entre los labios del Monstruo y la inexistencia.  La araña ha venido a destejer los diques de contención de mi Infra, ha venido a cortar las cuerdas bajo las que yo tapé antiguamente mi total destrucción. Y ha venido a despertar a todas las bestias de la muerte. Para que yo lea el secreto de mi piedra ensangrentada. Para que yo reuna mis huesos, y pueda aprender el canto de la Polilla.
No se trata sólo de lo traumático. Se trata del mapa del Fauno en la caza del crepúsculo cuando los mares encayaron en una espada.
Es obligatorio que conozca la sombra del corro de la bruja y que soporte la mirada de mi Franquestein y de sus aves de la muerte y del suicidio. Ellas siempre dejaron sus zarpas en mi espalda. Ellas en el fondo de mi vientre, avanzaron hacia la bruma y me dieron algo de la luz de la yerba del diablo. Algo que ha pervivido entre el Ensueño y mi manera de llorar la lluvia, de tocar las rosas, de rezar la mar, de besar, de huir, de cerrarme en la escafandra del erizo. 
Ese íntimo dolor chocó alguna vez con un malecón de calaveras que se incrustaron en mi sangre. Y aunque en mi pasado siempre hubo el fuego de la metamorfosis, interioricé la resistencia de la nitroglicerina. Porque salí a pescar también en lo más clandestino de los manicomios. Y aunque sea para mí muy doloroso abrir de nuevo aquellas tumbas sé que no puedo evitarlo, porque en algún lugar está un hueso que necesito cantar para devolverlo la carne y la vida.

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