HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Independientemente de las regresiones que estoy haciendo a ese lugar de la psique donde la psique estaba secuestrada, exiliada y rota. He de hacer un movimiento hacia el bosque, la música de la metamorfosis del agua, el baile, el juego con los animales, la pintura y lo que vale la vida y el fuego. Éstas regresiones me ayudan a desenredar los huesos de mis viejos cadáveres y acercarlos al beso de la huesera. A besar de árboles la herida gangrenada. Pero sus ciclos a veces me oscurecen y me causan sufrimiento. Por eso debo descender en ellos a la vez que camino en la naturaleza.
De alguna manera se abrió otra vez hace unos días, en un cruce de caminos, el deseo de volver sola al monte y jamás regresar. Se hizo como un método defensivo ante el dolor de la Polilla. Como un método defensivo de mi clandestina rabia. Y también como una inercia psíquica, ya que a lo largo de estos años, en momentos de oscuridad siempre elegí marcharme y quedarme con la soledad y los poemas. Pero ahora sé que no es lo que debo hacer. Debo vivir en los dos mundos. Armonizar mis dos naturalezas. El crujido del espanto ha venido a clavarme electricidad en la sombra y a desvelar monstruos. Esos monstruos en realidad lo único que quieren es comprensión. Es que les mire a los ojos, que sostenga sus manos, que lama sus heridas que son mis heridas, que soporte mi repulsión y mi náusea y mi tendencia a irme como una jauría. Y que avance desde su memoria, el vagar de las estrellas.
Yo debo curarme para poder entonar el canto del río y de los venados. Para ser quién soy. Para poder vivir siempre desde el bosque. Para descongelar cierta zona de mi corazón y devolverla la fotosíntesis. Yo sé que tenía una herida que olía a muerto. Durante éste invierno la tenía muy escondida debajo de un amasijo de huesos y de madera muerta, ocultada bajo el lodo del Leteo. Pero la Polilla me enviaba sus gritos de dolor. Porque si yo no adquiría en mi psique y en mi cuerpo, aquél fuera de campo que cruzaba desde una herida gangrenada, yo moriría. Yo no podría ser íntegra. Yo no podría amar a nadie ni ser amada. Yo no podría dejar que Alicia saliera de una vez afuera, entera y libre.

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