HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La casa de la familia de mi psique, tenía el tejado roto en su ala izquierda, y me entraban por ahí los rayos del infierno. Venían fantasmas intrusos, muertos que no habían tenido nunca reposo, hambrientos vampiros de mi piel de agua. Yo ahora estoy plantando una vid para usar como nuevo techo. Las vides son amigas de la lluvia y de la tormenta. Las vides tienen ojos de fuego en la noche. Cruzan de un lado a otro de la muerte y en la descomposición, cantan vino y regalan secretos.
La casa de mi familia no tenía ninguna pared hacia el aqueronte y me entraban por ahí cuchillos mortales, plantas venenosas, alaridos de la locura, monstruos de la yerba del diablo. Y ahora estamos plantando allí un tejo. Un tejo que tiene una amiga liebre que se cuela en mis sueños y me lo cuenta todo. 
La casa de mi familia tenía un burdel y ahora estamos liberarando a las rameras como las hijas de la mandrágora y asesinando a sus proxenetas.
La casa de mi familia tenía una trampa donde un lobo estaba encerrado. Y ahora desde la cueva del monte más alto, estamos haciendo una fosa, para que el lobo, descienda ascendiendo su Infra, el reencuentro con el corazón de la montaña, se quite las cadenas, se lama sus heridas, y vuelva a aullar  en busca del resto de la manada.  
La casa de mi familia, tenía en mi cama, un agujero por donde entraba el demonio, y yo descansaba sin querer con la cabeza en la guillotina.  Ahora estamos tapando ese agujero con cosas que encontramos en el bosque... cantamos y dejamos que el río nos haga transparentes las manos, para que con las manos de agua, crear una semilla que en ese agujero nazca un pasadizo al Bosque.

Mi familia vuelve a estar contenta, porque aunque aún no estemos todavía todos juntos. Hemos empezado a defender nuestra casa, a sacar la basura, a arreglar los desperfectos, a inventar nuevos agujeritos en el árbol, escaleras, puentes, ventanas, instrumentos musicales, hacia el corazón-corazón.

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