HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La primavera siempre es violenta y hermosa. Expulsa de los nidos, como galernas, primitivos pájaros de Luna, los abandona de la contención y brazos de la anciana del invierno, y los entrega a la guerra y al nacimiento.
Éste invierno yo estuve oculta debajo de un piano de polvo, arañas y amanitas. Estragos de whisky y de trenes de mercancías peligrosas, mares de fuego y de soledad. Introspección dual de la cerilla. Amor de cabaret y del primer hueso. Gaviota atragandada en mi susurro. Amor de Léolo cruzando con él, su infierno y el mío. Nuestro hielo al alba empañando las rosas. Nuestra hoguera hablándonos de un canto que todavía salvar en las cumbres. Si es que la huesera no tiene mucha hambre.
Ahora mi selva se ha puesto salvaje. Ese pájaro de fuego desatornilló todas las puertas, esparció las flores y los esqueletos. Aulló la Polilla Negra entre el bandoneón y el regreso a casa. Y yo todavía floto. Camino con cicatrices de queroseno, con Islas de vapor. Con un grito de bestia en el párpado de la sal.

Él vendrá a vivir a mi pueblo en Junio.
Alguien en mí, un animal solitario, un animal hambriento de las pasiones de Monstruo. Quiso matarlo. Desterrarlo de mi amor, de mi búsqueda, de mi paso. Pero independientemente de la llamada del Bosque y de mis animales, el desencadenante fue un sentimiento donde yo sentí que él no me amaba. La tristeza que sentí me hizo introducirme en la sombra del corro de mi bruja y regresionar a otros amores acuchillados de mi deambular dual de Alicia, ver esa herida mil veces abierta en cada relación humana que amé......... y dárselo todo a la Huesera hacia la exclusividad del Bosque. Algo en mí sintió que yo había empezado a dárselo todo, como una mendiga, porque la herida de mi piedra ensangrentada siempre fue el Amor. Porque el estigma de Monstruo me hacía abrirme como queroseno hacia la otredad hasta que se me atragantaba el hueso de cabra, que siempre se atragantaba para que viniera la Polilla. Empecé a sentir que todo eso que yo daba incluso sin tenerlo, me estaba haciendo una ramera que me separaba del bosque. Y quise clavar un cuchillo en mi corazón y matarla a ella para siempre. Empecé a sentir que en el momento en que yo empecé a darlo todo en mi despersonificación de mi yo-sin semejantes, él se volvía un depredador oscuro, como todos los hombres a los que alguna vez se lo di todo. Y eso ponía muy triste a mi Monstruo y a mi bosque. Y mi Franquestein volvía a sangrar hierro fundido en mi frente. Y la violencia de mi animal herido se fumaba su selva con el Fauno y se iba para siempre, otra vez solo de todos los mundos y en guerra. Sin nadie. Sin amor. Sin prostíbulos. Sin lazos. Sino el Bosque.

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