HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lo dije en voz baja, para que no me oyera la cicatriz de tu espalda.
Fingí con el corazón derramado en mi pecho, ser la última puerta del cine. Con ese bicho agonizando en el felpudo. Escribía una tragedia de amor con sus pezuñas. No había sitio para las luces de atrás, donde la ginebra se sube por los dedos.
Yo sólo quería que borraras mis años, mi historia, mis recuerdos, sobre la hierba, con la luna basculándonos un nuevo mundo donde nunca tengamos ya sólo dos patas, ni una sola cabeza, ni una sombra.
Yo sólo buscaba perderme para siempre a la luz de tu fuego. Correr como un rayo contra mi rastro. Deshacer mi nombre en tu boca. Borrar mis huellas en tu piel. Bailar como una muerta el milagro de los peces. Fumar desde tus dedos, el barbecho de la humanidad. 

Pero luego, cruzaron por la calle, las ambulancias de un siglo apuntalado entre pájaros disecados.
Pero luego, la carne hizo su teorema. El país olía muy mal. Nos llegaban sus cadáveres. Nos querían comer los ojos cuando dormíamos abrazados al valle. Y tu mamá estaba muy triste. Y mi casa tenía muchas historias que acabaron mal. Y esas aceras no dejaban de gritar la mierda del civismo. Y los sueños arrancados habían rebotado en el túnel del asfalto, herían mortalmente al cuervo. La pesadilla acumulaba demasiados nombres y blusas desgarradas. La muerte también había marcado tu espalda. Los poemas no alcanzaban para el sueño eterno. Los carros patinaban en viejas clientelas del metal y del grito. Todos tenían hambre y un cadáver a cuestas. Todos se empujaban por el favor de la rata. Los trenes olían a hierro fundido en las caderas del último pianista.

Yo sólo quería que me llevaras para siempre, río arriba, bosque adentro. Donde jamás volviéramos a hablar de las cosas importantes. Donde jamás dictaran nada los espejos. Ni se repitiera el réquiem, ni la fábrica, ni llegara la cobertura, ni se sostuviera la casa, ni la pared, ni la espada, ni la lágrima, ni el vómito de electricidad.

Pero luego, un incompleto drama, nos removió las flores. Y viste en mí, la mano de la muerte y de la pobreza que te acechaba. Y vi en ti, el baile fantasmagórico del olvido, tomarme el firmamento, cortarme las venas.

Sólo éramos nómadas del viaje a ninguna parte.
Que no te asuste el quinqui desconsuelo.
Te prometo también el esperpento y la miseria. Prometo defraudarte. Soltarte. Arrojarme toda hueso a la mar, sin ti, sin mi, sin la esperanza. Porque la vida es también el punk de la muerte. Porque somos todos unos bastardos, inlavables. Porque somos todos unas bestias acorraladas por nuestro aparato digestivo, por la belleza, por el poema que huye.

Porque somos puntada e hilo en el cerebro de Franquestein.
Porque somos teatro traficando con ruinas y postales.
Porque la certeza está en las antenas de un mosquito defraudando a hacienda.
Porque no serás, no seré, el camino.
Porque venimos llenos de mierda. Porque los años no se lavan. Porque no se arregla lo desarreglado. Porque el amor es más bonito con bacterias. Porque vízcame tu ojo, tu garra, tu velorio. Porque yo te quiero igual. Porque la raposa ha venido a por la noche. Suyas son tus patas. El vecino te advierte a cuánto se cotiza la mierda en la banca. Su espejo también pace tumbas en tu sangre. Ninguna enfermedad está sola.

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