HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me abro una cerveza. Vuelvo a relativizarme sobre lo relativo. Vuelvo a poner una de cal y una de arena en el crotorar de la cigüeña corrompiendo de una vez el campanario y echando afuera la estampida de piedras medulares de la memoria de ese ornitorrinco que nos robó la cena.
Me revuelvo como un gorila contra lo que me revolvió en la seriedad del desierto. Contradigo todo lo que dije, al saltar de un saltamontes. Subo la música. Subo la adrenalina de mi cuento. Me despiojo de mi ombligo y su tragedia. Me meto en el libro y le prendo fuego. Me hago ceniza y las manos de ceniza que pasan sus páginas de ceniza hacia los astros de ceniza que dan a luz sapos con alas. Vuelvo a poner mi cobertura en la fiesta de los trasgos. Me visto con metáforas. Me desvisto con errores. No llevo nada. No diré nada sobre lo que haré. El fuego dirá. El fuego amará sus pasiones.

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