HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mi soledad vuelve a estar habitada. Mi soliloquio, mi vagar de calima y de salvia, vuelve a estar en movimiento, a la vez que yo atravieso el polvo y las migas de pan de lo cotidiano, mi espíritu sube montañas, escava tumbas, acaricia las rosas y las espinas, bebe sapitos del río, se clava zarpas en la espalda, se retuerce, aulla, canta, fada. Esa doble realidad, que da lugar al 3. Era algo muy ardiente que me ocurría en la metamorfosis del verano. Yo caminaba el mundo de mi ensueño, mientras la realidad me echaba arena, sangre y saliva de la vieja bruja. 
Ahora ha vuelto a abrirse la aventura, porque ha venido la Polilla Negra. Pero yo tengo mucho que pelear para no perder ésta conciencia. Yo no puedo desviarme. Yo no puedo darle a la inercia de mi subconsciente y de mi vieja conciencia, su comida, ni su cama. Yo no puedo repetir el estribillo. Yo tengo que ir de la mano de la muerte. En el Infra y en la orilla. En el dolor y en reconocimiento del aire de los árboles. Para eso la naturaleza es la mejor compañía. Porque ella sabe quién soy mejor que yo misma. Porque ella es también la muerte que vino a tirarme por la ventana todos los muebles. Porque ella conoce mi espanto y mi secreto. Porque a ella le divierte, forzarme a morir. Porque ella me da el aliento del duende cuando yo estoy hundiéndome en el lodo. Y me abre el 3

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