HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Nunca arreglamos nada.
Llevas miles de kilómetros de tierra pegados a tu espalda, como el tren que retumba el suicidio de la curva.
Llevas el final de cientos de cantinas, en el beso de vídrio del camino que se parte. La sed, no pagó la música. La música tampoco bajó con tu madre muerta en sus brazos pidiéndote la luna.
Es ese baile del último escalón, en la negrura de tus labios. Lo que me ha convencido para amarte. Es tu manera de no amarme, lo que enjambró los tilos en mi forma de agarrar tu pecho, de inhalar la luna, de tu versatil palabra de vagabundo, hijo de la noche y de la ruina.
Es tu manera de separarme y no la de buscarme, la que enciende mi cigarrillo con tu cerilla. Es tu plato roto, tu casa vacía, tu patinete de la nada, tu verso ladrón, tu sangre derramada. Es la fe que ya no tienes la que me hace ver todos los mares en tus ojos. Son tus muertos sangrando en la tierra. Son tus ojos tristes como los lobos abatidos. El vacío de tu bolsillo. Tu humildad y ferocidad de animal desarrapado. El barro entre tus uñas. Los fracasos en tu armónica. El cielo fusilado en el pájaro que naces como luces de san telmo al resplandor del horizonte. Es la cuenta del banco que no tienes. El trabajo al que no sirves. La pantalla que no enciendes. Los planes que no secundas. Las misas a las que no acudes. Los ritos que te has fumado con las bestias. Los papeles que rompiste en mil cachos. Los recibos que echaste a la cuneta. Las puertas por las que ya no entras. Las conversaciones que ya no quieres tener. Las preguntas que no haces. Lo que no hablas. Lo que no pides, lo que no das. Es tu andar de río subterráneo. Es el cuervo con el que desvelas mi noche. Es el fuego con el que incendias lo que los dos hemos perdido.

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