HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se ha abierto el volcán, y vino quemando la escalera y dejando a la vieja todo espectro sentada al piano.. con la promesa de un hueso que hacía de cerradura como el único ojo que hilvanaba entre los muertos el ballet de la montaña.

Sé que hice muy mal el despiece del parto entre ese queroseno y esa desfiguración de la fotografía en tu migraña, echándonos veneno que tomamos como a la madre. Y sin embargo la amapola no dejó de amarte. 

De mi torbellino de epístolas muertas, sobreviví para escribirte entre los tordos un asiento sin medallas, sin patas, sin demasiada cobertura, navegando en la mar. 

Asumí más de lo que debía. La tiza movió murciélago. La pared tragó del jardín una sortija. Escupió un erizo.

Yo sólo quería amar.
Tu llamada, vino por la escombrera. Mis piernas llenas de algas y madera, no tocaban tu piel. Mi corazón que era el anzuelo de un marciano, entre la vida y la muerte me insistió el delirio de la música. 

A veces apoyo mi cabeza debajo del río. Mis brazos son ortigales que reman un corazón muerto. Yo siempre he buscado su resurrección. Tal vez no eres tú amor el camino a casa. Tal vez entre tus brazos sea yo la abogada del diablo, tentándonos serpientes contra la crueldad, contra las prisiones, contra el alijo de cadáveres que el cuerpo echó en esgrima sobre el humo, cuando se apaga el crepúsculo y el tequila sube la fiebre, sube el duelo. Y partimos. Y partiremos. Agarrados al corazón herido de un coyote. Al último hálito de una ballena, sin suelo a la vista, sin esperanza madre, sin sujecciones. Con la muerte y las estrellas en el mismo beso, ese beso nuestro hijo de malas cantinas y mil vagares sin puerto.

Entre los colores de mi piel me arrastra tu tiempo, a la pértiga de la yerba del diablo. Mi ventana de un golpe se sumerge e insisti, el último actor del duelo. Si yo pudiera ser un perro ya se habría acabado ese tormento. Si tú fueras un rayo. Si tú fueras un lobo. Si tú fueras, un trozo de árbol. Si yo fuera una canción vacía.

Pero no nos apearemos de la fiesta sin follar con el monstruo. 

No era nada bonita mi manera de desangrarme debajo de la cama, cuando mi esqueleto se iba contigo en busca de setas y de charcos. No era nada bonito mi animal viudo. Y sin embargo, pusiste esa canción, yo abrí esa botella, dejamos que cayera el dominó, un viento nos hizo nadie. Sin ropa, sin nombre, sin futuro, junté mi respiración en la tuya, y un lobo aulló la noche hermana. Y tú hermano. Sin edad, sin casa. Doblaste en mi esquina al perro. Te ladré. Te lamí el hocico. Te mordí las patas. Te lloré mi pulga. Y juré que te mataría. Y juraste que me matarías. Y brincó la hora de los deshorados. Y seguimos a pesar de todo aquí, dispuestos a ir mucho más allá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario