HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se ha disipado la niebla. El Sol entra en la galería. Son días de introspección y de nacimiento. De estudio de los anagramas oníricos. Pero también son días de andar a cuatro patas, de inclinar la cabeza, de pasar hambre, de anidarse en el desierto. Caminar hacia el Bosque como una intrusa. Con la suciedad borboteando en mi pellejo. Son días de humillarse ante la hierba y las flores, ante el Sol, ante los poderes de la naturaleza.  Luego vendrá el canto. La huesera canta. Pero todavía no estoy allí. Estoy en el Infra. La otra vez que llegue al Bosque, yo quería todo del bosque, era como una niña caprichosa, creía aquello de "pide y te será concedido". Me creía dentro del Bosque, la eterna protegida. Su hija preferida. El Bosque me lo daba todo. Pero algunas de sus enseñanzas yo no escuchaba bien, no entendía bien. Tendría que irme. Mi secreta herida, se hizo la expulsión del bosque. Me expulsó a través de su alegría. Me expulsó dejándome un beso en los huesos. El Bosque nos ama. Pero el Bosque también puede matarnos. En el invierno yo ya no tenía sus regalos y frutos. Sólo tenía el recuerdo. Mi fe en el bosque, a veces se perdía en extraños caminos, desaparecía en las latitudes de mi herida. El peligro de perder para siempre el bosque, era real y significaba la muerte. Por eso vino la Polilla. Yo ahora me siento sucia del Bosque. No me siento digna del Bosque. Por eso camino hacia él como un perro herido.

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