HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Sé que hay algo que he obviado estos días, y es algo que forma parte de mi naturaleza social, de mi pulsión sexual, de mi deletreo del blues, del baile de los vídrios, de la forma de clavar la pupila, de hacerla oblicua, de respirarla hacia mi desierto, de contar farándulas, de esconderme detrás de un puercoespín, de reclamar el amor, de derrocharlo, de suicidarlo y delegarlo al fondo de la cantina.
Estos días, en mi metamorfosis, yo he ido hacia mi soledad bordeando el bosque y la Polilla Negra. He estado introduciéndome en mi mapa de huesos extraviados y el ansia de la aparición del coyote.

Esa otra naturaleza que obviado sé que aparecerá como un motín y una avalancha en el momento en que yo tenga que interaccionar con el exterior humano. Hay dos naturalezas, dos cerebros, don lenguas, siete ojos.  El dos, da lugar al tres.

Mi tarea es reunir mis dos naturalezas en la armonía necesaria para que se abre el viaje del 3.

Hay muchas piezas de mi naturaleza social que ahora no he buscado para nada, que no he pensado, que no he incluido en mi incursión al desierto. Y que aunque a veces sólo quiera al Fauno y quedarme para siempre en el bosque, es obligatorio que yo traslade de un lugar a otro lo que sé, lo que he alargado desesperadamente hacia el amor del bosque, lo que he perdido de camino, lo que he ultrajado, lo que he renacido.


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