HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Sé que te quiero. Sé que mi amor lo traga la espalda de la montaña. Para echarme encima a los lobos. Y me hago yo un estorbo del horizonte que peina a Franquestein entre mis escombros y me frunce sus instrumentos para que mi corazón sin tu terreno, no se me nacionalice, entre los mandalas de mi vino ni de mi cuervo. Y la pena, tan triste, no sabe ya que es una pena. Cruza las calles como una ruleta rusa, al ego del tejón, al flash back de la muerte cuando ganó la esquina. Y éste desarreglo no hay boca que lo cante sin que uno de los dos nos perdamos para siempre en la bruma de ese adivino debajo de los cerros, hundido con su ropa en el fango que no echó pelo en tu plato. Y mi mandril, toda esquinera, cantó a la obra del diablo, mi barco, sin darme, sin tenerme, sin poder quedarme. Y en mi luto sólo tu hachís adivina la parca que juró que no saldríamos ilesos. Y yo me acerco, desnuda y echa pedazos, al papel en el que no escribiste, tu lágrima. Y mi precipicio, tan sediento, salta, en mi yo-muerto, la gravedad del exilio, que sólo Diógenes, cuando ninguna puerta encaja, cuando ninguna pared separa, baila en mis perros, otra mano de luna.

Y si esto alguna vez, fue una tragedia. Hoy amor, sólo es teatro. Mi puercoespín, sueña al tuyo, debajo de los charcos, como un héroe sin amor, cruzando los crepúsculos de una tonada que jamás calló. Y mi piel ennegrecida por cables, pirañas, piedras, aludes de cráneos, sueña tus dedos hechiceros que dentro del río del olvido, supieron cantar para que la serpiente danzara. Pero no sé si lo resistiremos. Yo soy muy frágil. Quemo todas mis naves al primer socorro que me echa el cuervo encima. Y he visto tantos durmiendo sobre ti, con tanta hambre, como los míos. 
Lo que yo sé del agua es muy vulnerable. Y a la mínima mueca del cierzo, yo me preño otra vez de nieve. 
Mi ventana es un laberinto de ventanas. Detrás hay un ciervo asustado que huirá con la primera gota de sangre de la noche, a vagarme mil desiertos. Con una chispa entre la vida y la muerte en mi corazón. Haciéndote un resplandor y una tumba.

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