HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Siempre fui más feliz con los animales que con los humanos. Mi corazón, prefirió tratar con el río, con los árboles, con los perros y lombrices, con la mar. Yo tenía dentro muchos despeñaderos donde se había suicidado mi identidad social, mi reciprocridad social, mi comprensión de la realidad plural de los humanos. Yo tenía también heridas y aguijones en mi corazón. Un viento de sal que me fosilificó los labios debajo del agua. No era culpa de ellos. Era culpa de lo que me mostró el fauno en la sombra más sola de la tierra. Era culpa de la estrella que yo amé. Era mi camino.

Con Yoseba yo fui muy feliz algún tiempo, porque para mí él era un animal también. Y era mi amigo. Y nos animalizábamos con alegría y fuegos fatuos. Sin oscuridades humanas ni cívicas, ni culturales, ni ninguna moral, ni ley. Cerca del ritmo del bosque. En los ciclos salvajes del cuerpo y del fuego interno.

Pero con el paso del tiempo, el lenguaje de mi corazón fue atravesando el desierto. Y mi animal ya no era tan libre con él. Había algo del propio vínculo afectivo entre nosotros que se hizo un basurero. Había algo que volvió a hacer clandestino a mi animal. Tal vez también fue el viaje que yo hice desde la brecha. Pero volví a disfrazarme. Volvió a ponerse en mi pecho una mariposa de plomo y de cristal que él no revivía, que él no podía escuchar. Algo muy secreto de mi zona inefable líquida. Algo muy frágil y sutil. Algo muy pequeño. Hijo de un insecto. Hijo de una caracola. Yo estuve viajando también a viejos mapas del hueso extraviado y la sangre de las gaviotas. Pero aquella magia de duendes y de venados, fue entrando en la oscuridad. Yo necesito un beso de amor en esa oscuridad o me iré otra vez y será mucho más lejos. Un beso de amor no tiene porque ser lo que parece. Puede ser un juego de zarzas y cerbatanas de lluvia. Puede ser una zarpa peluda debajo del río, sacando una rana o una calavera. Puede ser una caricia de cabra sobre un acantilado. Una palabra en el barro. Una flor con espinas en el diástole de una roca. Pero yo necesito un beso de amor. Aunque mi ramera del lago quiera ella follar con todos los muertos y gusanos y revivirlos en sus pechos de bruma, y abrigarlos a todos en su garganta de fuego, si yo no recibo un beso de amor, ella se irá sola junto a todas las soledades. Aunque no quiera hacerlo. Se irá. Y su camino será la huesera. Porque ese ha sido siempre su único camino.

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