HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Siento algo muy bello cuando cantan los gallos y los gansos. En mi subconsciente veo la Casa de la Rata que una vez apareció en mis sueños, echando a rodar a través de los neumáticos de la gallina. Y veo por la chimenea emanar un rayo del viaje vertical y acelerado hacia el beso de la Baba Yagá y sacando alas de la casa de la rata y transportándolo por los confines de la nada. Y me calma. Me dice secretamente que todo está bien, abriendo el orificio y colándose para que yo encuentre mi casa.

Soy feliz en el pueblo. Porque el monte me cuida. Yo aprendo a cuidar la vida a través de lo que me dice la naturaleza. Y estoy descubriendo que yo tenía una brecha el algún lado poco poblado de las profundidades de mi soledad, un animal sin madre, un aullido desesperado, un colgar a la deriva, sin la sujección del Bosque, una fuga hacia las fauces de la desolación. Y en mi soledad ahora estoy aprendiendo a devolver madres a mis animales clandestinos y heridos. Estoy aprendiendo a cerrar mi agujero de etanol del vientre, hacia la reciprocridad del bosque. Estoy aprendiendo que ese agujero que yo tenía abierto como un clavo ardiendo y derretido, me hacía amar como los mendigos y las rameras, porque yo tenía un agujero negro, ese agujero mío, me hacía alcoholizarme y cantar el esperpento del actor en un teatro de locos. En el fondo de mi agujero, yo no tenía madre, ni semejantes. Yo tenía una sed de dinamita porque me agarrara el beso del fauno. Y me hacía una yonqui del fado del Fauno. Yo iba flotando cerca de la parca, como éter, como un poema deconstruido, como una broma de una rata. Algo en el fondo de mi agujero, me había exiliado de ser yo la que pudiera llenarlo. Algo se había exteriorizado a la ideación de un ejército de duendes y de héroes vagabundos, para que me cuidaran. Y al haberme yo desterrado de mis instrumentos para preñar mi agujero, yo iba por ahí como queroseno. El bosque me ha enseñado a que yo debo meter todo mi esqueleto en ese agujero y usar el ardor del agujero para regenarme la carne sobre cada uno de mis huesos. Y entonces de verdad volar y amar.

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