HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñaba algo con la muerte, yo buscaba darla algo que necesita para que el ciclo fluya, pero no era tan sencillo. Había también una información introspectiva, un recorrido por sensanciones físico-metafóricas.

Hay nieve en los montes. Aunque ahora entra el sol. Anoche he tenido la incursión de otra ecuación en mi dilema. Eso me dejó un tiempo flotando por los aires. Utilizando las metáforas del libro "mujeres que corren con los lobos". Por un lado estaba, la huesera que vine escribiendo estos días, pero apareció La Mujer Esqueleto.

Eso de pronto debilitó las respuestas que me había escrito. Un atisbo de amor en mi pecho, empezó a nombrar a Yoseba desde el cuerpo de la muerte. Empecé a mirar esa náusea de monstruo, desde la Mujer Esqueleto, empecé a responsabilizarme de la oscuridad del corro de mi bruja, desde su embudo retroactivo, desde su coraza de mil escafandras bajo un batiscafo de marfil, ocultando mi corazón. Empecé a ver a Yoseba como un animal salvaje. Y olí sus cicatrices del amor. Sus escafandras. Y algo en mí, nos dio otra oportunidad desde la muerte. 
Todo esto me puso nerviosa. Porque volvía a estar perdida. Y sabía que también le debo mi camino al desierto y que he de atravesarlo. Sabía que también lo que he venido escribiendo, está en la mar que me tiñe. Y anoche se soltaron sus cuerdas. Al introducirse ese sentimiento todo ardió. Y yo me quedé en el fuego de un cruce de mil cruces de caminos.

Empecé a recordar algunos de nuestros instantes, bajo la náusea de Monstruo, que era también el soplido mortal de La Mujer Esqueleto.  Y algo en mi corazón, recordó con belleza, los otros instantes donde reíamos juntos como dos venados. Donde cruzábamos la línea abisal del bosque y regenerábamos en la piel el brotar de la hierba, del pájaro, del lobo. 
También recordé desde las metáforas de mi Laberinto del Fauno del verano, la presencia de la Mujer Esqueleto. Algunos días del verano en los que él estaba conmigo, yo era más animal que mujer, y él se introdujo, me amó. Recuerdo especialmente una tarde, donde yo estaba más en el otro mundo que en éste, donde estábamos en el pico de un monte, yo tenía visiones, y andaba con los ojos cerrados, porque pertenecían al mundo del Ensueño, cuando juntamos nuestros rostros, yo me vi a mí y a él, como dos venados sin piel, llenos de sangre. Cuando él se puso encima de mí, vi un pájaro negro, inmenso de otro mundo, el ave de la muerte. Y también vi un lobo, a nuestros pies. Luego en otro sitio del monte... vi que aquél lugar que yo atravesaba era la trampa del lobo, que algo estaba atándolo, crují y di patadas a unas ramas y ocurrió algo mágico en mi ensueño, el lobo se liberó, empecé a sentir un aire en mis pulmones que era pura vida y vi que se abría la atmósfera desde un círculo y un universo estrellado, nocturno y maravilloso se abrió sobre mi cabeza. Yo levanté mis brazos como si a la mitad fueran alas.
También antes de eso, cuando él eyaculó en mi piel, yo sentí que eran las lágrimas de una sirena. Que era el agua de la mamá ayahuaska.

Tal vez todo esto suene raro. Pero para los arquetipos de mis sueños y de mi psique, es de vital importancia porque el secreto de mis ensueños, se reproduce y es el que verdaderamente gobierna en mi corazón, es el intermediario entre mi mundo del acá y mi mundo del allá. Es lo que recoge mi alma y alimenta en los dos mundos.

Anoche mi determinación a alejarme emocionalmente de él y a seguir a mi Huesera. Se vio afectada gravemente por la atracción del fuego de otra metáfora. Ahora tengo que desincriptar mi dilema. Y seguir recogiendo huesos.

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