HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñaba algo con mi identidad, eran sensaciones conocidas del ser que jugaban en mi interior por mutar y llegar al centro. Había una bola de éter hacia la que yo me dirigía. Tenía que ver con mi yo amable y amoroso, con ese yo que busca la concordia en las situaciones sociales. Ese yo siempre fue opositorio al yo de la loba. Mi sueño, aunque no me gustara, me decía que era también mío. En mi pasado, cuando yo vivía más furiosamente la dualidad, a veces dejaba ahí afuera ese yo, su voz dulce, la vulnerabilidad, adentro yo estaba enfrascada en mis propias luchas y en la escritura. También el cuidado de mis abuelos acababa haciéndome filantrópica, la multiplicación de la comprensión de la otredad, aunque mi animal estuviera en contra. Durante algunos años, viví en una contienda , tragué la rabia, tragué a veces el territorio del lobo. Aunque a veces me emanaban cascadas de su canto y entonces yo me volvía una fractura, un yo irreconocible para ellos, un yo que jamás aceptaban. Siempre tuve una lucha interna con mi yo amable. Había otro territorio de los significados donde él no me sobrevivía.

Ahora cantan los pájaros. Ya ha vuelto el cuco. Ya hay flores en los prados. Ya se empiezan a desperezar las culebras. Kavka me despertó, porque hay un caballo tras la ventana. El caballo a veces se inquieta, corre dando coces, le hiere el muro que lo cerca. Cuando el caballo se inquieta, Kavka da ladridos.

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