HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñaba algo de dos casas, creo que una era la de Yoseba, cada una debería de moverse y luchar por rozar la otra para que haya una verdadera comprensión, cada una debería abrirse. Era un sueño metafísico, porque la casa se refería a las profundidades del Yo.

Hace frío. El día empieza todavía inducido por los sueños. También tuve otros sueños que no puedo escribir enteros pero que me han dejado su sabor, ese sabor extraño, convulso, como un papel escrito con sangre y pegado en la ventana. 

Ayer hubo otro cambio con Yos. Yo había estado meditando. Algo perdida en relación a las necesidades de la Mujer Esqueleto o el desierto. Al sí o al no. A arriesgar el poema sin hijos o a disponer el queroseno y la cerradura del bosque. Me dije que si él me hablaba hoy, tal vez debería arriesgar el poema. Y me habló. Se mostró cálido. Yo estaba un poco ermitaña. Tal vez venga a pasar unos días éste mes.

Antes de eso yo estuve en el monte, bajo la lluvia. Fue un viaje interior bello y escarpado. Llegué a un nervio muy lejano y escondido. Y la naturaleza estaba habitada. Sentí que las montañas eran dioses. Estuve bajando por el corro de mi bruja. Y llegué a un lugar muy extraño, donde tuve la sensación de que estaba allí la ayahuaska, y hubo en mi trance, un vómito metafórico. A través de sensaciones físicas y de la abrasión de la naturaleza. Sentía que hasta mi hueso vomitaba. Mientras sentía las profundidades del yo y de mis experiencias, purgarse a través de ese dolor. Yo recorría regresiones, pero ya no eran de un hecho concreto ni de un sentimiento, eran regresiones del Infra, del sentimiento más profundo de la oscuridad del Yo, eran regresiones de sensaciones del alma. De lecturas entre las zarpas del bosque. Y algo en mí estaba perdido, pero a la vez en movimiento. Yo no dejaba de caminar sobre la hierba. Eso fortaleció el intento y la vida. En algún momento, tuve un grito, una desolación extraña que se había mezclado anteriormente con una sensación de profunda alegría, y corrí por la hierba y bajé a vueltas de tornillo la cuesta. Luego salté.

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