HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñaba algo que explicaba que yo vivía hacia dentro. Esa instrospección se empezó a hacer radical cuando yo cumplí los 18 y elegí el aislamiento. Pero en la metamorfosis de los 16, a través de los libros y el hachís.... yo fui vinculando los latidos inefables, lo que escondía el hueso de mi infancia hacia una búsqueda más allá. Yo tenía muchas heridas de la infancia y aquella época fue una restauración. Reconocí mi casa adentro. En aquella época también yo tenía una utopía y una búsqueda hacia la gente y el amor, sueños de anarquía y de comuna, de libertad. Pero las circunstancias violentas de la metamorfosis de los 18.... me hicieron descender a mi inframundo.

Después la vida hacia dentro siempre permaneció, bajo una brecha de la exteriorización. Bajo la náusea de monstruo.

Ayer Yos... me habló. Yo llevo unos días escondida sin contarle mis cosas, sin llamarle, sin reclamar su voz, ni sus pasos. Y había algo triste en mí. Era ya la noche y yo estaba medio dormida. Pero sentía dentro la contención de la loba, la suspicacia. Un renglón de queroseno en mi interior que no llevaba a ninguna parte. El bosque y el vagar cerca del corazón de la gente, debería ser algo complementario y no opuesto. Por alguna razón yo me pongo paranoica de los frutos del bosque y algo en mi inconsciente empieza a leer en la gente una amenaza. Y esto es en parte las cicatrices de la soledad.

Creo que esa búsqueda que he andado haciendo de mi piedra ensangrentada y secreta, en parte era algo un tanto raro, porque parecía que me estaba obligando a caer a una tumba cerrada con 13 llaves. Yo no debo hacer ese descenso sin lo que aprendieron los pájaros del vuelo en los ciclos de las viejas muertes.

Otras veces entrar en el Bosque, era una guerra con todas las personas. Los brotes psicóticos en realidad son un acceso a la grieta entre los dos mundos, bajo los arquetipos de la psique y la historia de cada uno. La historia de cada uno se representa en una simbología metafórica que se vuelve una odisea, una guerra, un laberinto del fauno, hacia la vieja madre, hacia el amor del bosque, hacia el alma. El bosque siempre es mágico. Lo extrasensorial, lo visionario, lo imposible, vive allí.. El bosque te sana en su adentro, aunque durante un tiempo te deje roto en mil pedazos en el afuera. Los brotes psicóticos son una incursión en una revuelta espiritual, son un despertar, son un proceso de la huesera.

En las incursiones de mi pasado, cuando yo accedía al Bosque, accedía de forma belicosa con los seres humanos. Mi laberinto del Fauno, mis heridas no resueltas, me hacían ir allí como se va a la guerra. Para mi todos, incluida mi familia, eran en algún parte del ciclo, un enemigo, una viga atragantada en la puerta, algo que me separaba de mi yo más salvaje, de mi libertad, del amor del bosque. Y bajo el fuego del bosque, yo transformaba de mi psique todo lo que pertenecía a mi vida lejos del bosque y lo hacía luchando, porque yo no quería jamás perder el bosque y sentía que era algo a vida o muerte. En mi bosque había un animal muy violento que se ponía muy contento cuando yo atacaba. Pero todas las veces que estuve en el bosque, también había una zona de amor, de búsqueda y liberación de mi niña perdida, por eso la violencia sólo era un comando que se iba cayendo en la tripa de la araña junto a cientos de frecuencias que se exponían sobre fuego borboteante y creador en el juego de las metáforas.

Ahora voy hacia el Bosque desde un lugar más tranquilo y cubista. Mi animal violento no es el que lleva el timón.  Pero algo de todo aquél material de dinamita, ha vuelto a ponerse en la mesa.

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