HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tal vez estoy triste. Y he de estarlo como una espada y un campo abandonado de trigo. La que en mí se va al monte y deja todo quemado al entrar y al salir, vaga desde la explosión de un verso, el huevo de una serpiente en las combas de la lluvia y de la maleza. Me debo también a la negrura. Son tiempos donde algo muere, donde algo se entierra, el fin es la huesera. Es un camino que se hace desde el Infra. Hay también luz en la tristeza. Hay un tempo de guadaña y niebla que debe aprender a cantar a los Tilos la sombra más sola de la tierra. El camino hacia el espíritu, también atraviesa lugares desolados y desesperados. Es parte del juego del peyote. La descomposición del fruto ha de ocurrir lo más cerca posible de la continuidad del río. No atascar un hueso en la angustia. Abrirla. Acudir. Sin arrodillarse. Sin resignarse. Sin escarbar una y otra vez en el mismo pozo. Hay que ir a la vertical al fondo de ese pozo. Hay que saltar en busca de su doble. Todo tiene un doble, la fotografía en blanco y negro que agrieta la pared, la parra bajo la lluvia, la lágrima de la manzana al ensilar de campos de cultivo que te dejaron el hambre. La sombra de la raposa afilando la cuchilla. La cuántica está en todos los sitios. El Bosque está en todos los sitios. A veces el dos se abre desde la tumba. A veces desde los pájaros. Cuando se atraviesa el desierto, se abre desde el dolor. Es importante respetar la poética. Aceptar la naturalidad del dolor cuando se está cerca de la Polilla, y crear.  Dejar que se vaya lo que tiene que irse. Y saber que esa pérdida viene desde el juego de un doble y que el dos da lugar al tres. 

Yo en invierno, no estaba dispuesta a estar triste. No escuchaba los motivos de mi noche. Por eso empezaron a hacerse violentos. En el Bosque hay también un Monstruo que enseña la incursión a casa, desde el hachazo, desde la pérdida. Y es obligatorio perder lo que el Monstruo ataca para seguir. Cuanto más te resistas, más doloroso será. Cuándo más duela, más viva será la siguiente puerta del bosque y más conocimiento de las profundidades tendrás.  A veces nos resistimos porque amamos un sueño. A veces nos resistimos porque hay algo que el ego bebió en la cantina y que quiere conservar. A veces es porque la antagonia de la mariposa se agarró a una piedra de magma. A veces no se sabe porqué hasta que no estamos en los brazos del Monstruo. 

Cuánto más díficil se lo pongas al bosque. Más conocerás el Inframundo. Cuánto más conozcas el Inframundo más secretos ofrecerá la Polilla y más fogosa será luego la luz. Pero en algún momento se tendrá que morir y caer desnudos y pobres ante ella. Es un camino de guerreros. Cuánto más ates la dinamita en el pecho y más codicies el secreto del Bosque, el Bosque te arrojará encima una muerte más violenta y abrirá más puertas a través del oblicuo hueso de aquél viejo mamut.

El secreto de la piedra ensangrentada, de la sombra del corro de la bruja que todos tenemos. Es un arma de doble filo. Una parte se clava en tu corazón y otra en la espalda de Monstruo. Cuánto más te aferres a ella, más dolerá. Cuánto más duela, más largo y apasionado será el viaje. Pero en algún momento hay que soltarla. Y eso sólo puede saberlo el animal salvaje. Estoy segura que si no se suelta en cierto lugar del Bosque, puedes estar perdido para siempre en el mundo de las sombras.

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